JOMO: la brújula nueva del viajero consciente

Puede que hayas escuchado acerca de la “alegría de perderse de algo”, más conocida como JOMO por sus siglas en inglés (Joy of Missing Out). Sepas o no de qué se trata, lo que más resuena, en mi humilde opinión, es el hecho de que este concepto responde a una necesidad cada vez más urgente: desconectar de aquello que nos genera ansiedad y reconectar con lo que nos aporta calma.

FOMO vs. JOMO

Si este acrónimo te resulta familiar pero nunca escuchaste hablar de él, es porque surge como antítesis del FOMO (Fear of Missing Out). El FOMO nació en Estados Unidos con el auge de redes sociales como Instagram y TikTok, y hoy es considerado por profesionales de la salud mental como un fenómeno altamente problemático.

El uso indiscriminado de aplicaciones que nos bombardean con contenido diseñado para generar deseo alimenta la ansiedad que nace de la distancia, siempre creciente, entre nuestra realidad y la expectativa que esas imágenes generan. Una vez dentro de ese círculo vicioso, consumimos cada vez más contenido para satisfacer—aunque sea de forma momentánea—ese anhelo por experiencias “extraordinarias”.

Según un informe de Fortune Business Insights, publicado el 6 de octubre, el creciente número de turistas que persiguen experiencias memorables es uno de los factores principales que impulsan la expansión global del turismo. Sin embargo, este crecimiento viene acompañado de limitaciones: el impacto ambiental de las emisiones de carbono y las nuevas regulaciones gubernamentales para frenarlo, como el aumento de impuestos.

En contraparte —o quizá como consecuencia— surge el JOMO: la invitación a estar presentes en el momento, sin importar cuán simple sea lo que sucede a nuestro alrededor. Se trata de disfrutar actividades simples, como preparar y saborear una taza de té o sentarse a conversar con amigos tanto como experiencias fuera de lo común. Porque, si bien el FOMO alcanza su extremo cuando sentimos la necesidad de participar en todo, el JOMO no implica aislarnos: nos invita a elegir de manera más consciente dónde ponemos nuestra atención y nuestra energía.

El que mucho abarca, poco aprieta: poner límites como autocuidado

Practicar esta filosofía nos obliga a detenernos y evaluar qué es lo que realmente deseamos. Nuestra atención no es infinita, y en la mayoría de los casos, nuestro presupuesto tampoco.

Hice un ejercicio simple: tomé todas las actividades del año a las que me gustaría asistir —juntadas, salidas, compras, viajes— y les asigné un equivalente en tiempo de trabajo. Les ahorro los detalles y voy directo a la conclusión: para hacer todo, tendría que clonarme, aprender a viajar en el tiempo o encerrarme a trabajar sin parar.

Es cierto que hoy es más fácil que nunca conseguir ingresos extra; pero también lo es que cuantas más horas trabajamos, menos tiempo tenemos para el descanso y el ocio, lo que solo alimenta la ansiedad. Mientras más lo pienso, más esencial se vuelve tomar conciencia de cómo invierto mi dinero y mi tiempo.

De acuerdo con la psicóloga Chiara Fabian, el JOMO nos permite tomar distancia de las realidades fabricadas que circulan en redes y, en cambio, crear espacio para preguntarnos si realmente queremos hacer algo o si lo hacemos por obligación o mandato social. Incluso abre la puerta a agradecer lo que ya tenemos y disfrutar de placeres sencillos.

“La autenticidad es el nuevo estándar de elegancia”

No puedo atribuirme esta frase, la escuché en una charla reciente sobre protocolo y etiqueta, pero es especialmente relevante para el turismo, sobre todo en un contexto donde el lujo se está redefiniendo.

En el informe de Fortune citado anteriormente se identifican varias tendencias del mercado del lujo; la más significativa es su “democratización”. En 2024, el segmento dominante fue la clase media impulsada por mayores ingresos disponibles. Las tendencias emergentes incluyen el lujo sostenible, las experiencias auténticas y con alto valor cultural y los destinos poco explorados (como contraparte a los clásicos como Punta Cana, España o Italia).

Esto marca un momento clave para el turismo de lujo, en el que la personalización adquiere un rol central. Lo que funciona para una persona no necesariamente funciona para otra. Así como debemos pausar y reflexionar sobre lo que nos hace bien en nuestra vida diaria, también como viajeros necesitamos preguntarnos qué buscamos realmente durante un viaje y asegurarnos de invertir nuestros recursos en consecuencia.

En la era de la información, se hace fundamental contar con un experto que nos oriente en el camino correcto para cada uno. Un itinerario que un agente u operador diseña con el motivo de cumplir un propósito definido es, al fin y al cabo, otra herramienta de autocuidado que podemos aprovechar para acercarnos cada día un poco más a nuestra mejor versión.